Mecanismos de dispersión de los BPCs
Los BPCs no son intencionadamente liberados en el medio ambiente como parte de una política gubernamental. Su aparición en la naturaleza se debe principalmente al manejo irresponsable y negligente que le dan las empresas públicas y privadas de los sectores energético e industrial, a derrames de los equipos que los utilizan, al derrame intencional para la reutilización de los recipientes que los contienen, al deterioro de los recipientes y a la mezcla de los aceites contaminados con ACPM para rendir o «cortar» este último.
Al contaminar los mantos freáticos los BPCs ingresan en las cadenas alimenticias y aparecen casi sin excepción en todos los ecosistemas. Debido a su persistencia, alta solubilidad en grasas y mala metabolización, los BPCs son bioacumulables en esas cadenas y se incrementa su concentración en cada nivel trópico (la llamada biomagnificación). Sobra decir que los humanos se encuentran en la cúspide de la mayoría de las cadenas.
Otra forma de invasión de los BPCs en el ecosistema es el aceite mineral. En sí el aceite no representa un riesgo, pero es posible su contaminación al combinarse con BPCs al regenerar aceite usado, utilizar sistemas de filtración contaminados, rellenar un equipo con aceite regenerado de dudosa procedencia (menos costoso), al utilizar tambores contaminados para almacenar aceite limpio, o al mezclarlo con ACPM y utilizarlo como combustible en vehículos. Esto puede suceder durante el proceso de mantenimiento de los transformadores, el cual usualmente se lleva a cabo una vez por año; por ello es indispensable una supervisión estricta por parte de técnicos calificados en la manipulación de sustancias peligrosas. De igual manera es imperativo tener en cuenta que cualquier equipo que entre en contacto con BPCs, incluyendo mangueras, baldes, embudos, tambores y vestimenta, quedará contaminado.
Por estos y otros medios, los BPCs han llegado hasta nuestros hogares en la forma de leche y productos lácteos, pollo, carne roja, huevo, pescado y molusco, alimento para niños, empaques contaminados, etc. De las 1,054,800 toneladas de BPCs producidas antes de su prohibición, se calcula que 116,028 toneladas se encuentran dispersas en el medio ambiente. Esta es la cifra inventariada y hecha pública por organismos estatales, y por lo tanto se le debe considerar algo conservadora.
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